Capítulo: Alba, 211116

Capítulo: Alba, 211116

diciembre 20, 2016
Por María Teresa Carbajal Vázquez
“Debo no niego; pago lo justo” ◗ Alba, 211116

En más de alguna ocasión recuerdo haber comentado que existían muchas personas que tenían deudas incluso sin haber recibido dinero prestado, y la última vez que lo dije fue el siete de noviembre de este año, durante mi participación en la Semana Nacional de Educación Financiera 2016 aquí en Xalapa; y lo dije a propósito de generar conciencia y reflexionar, en relación al hecho del uso incorrecto y desinformado que hacemos de los bienes, productos y servicios bancarios.

Sin embargo –decía– es mucho más grave el caso de quienes utilizan el servicio de préstamos de particulares, o personas que se dedican al prestar dinero como modo de vida, pues ahí sí, estamos ‘muy a la disposición’ de la persona en cuyo favor otorgamos la firma, ya sea sobre un pagaré o incluso ante notario público.

Así es, es mucha la incertidumbre cuando no sabemos ni lo que firmamos, los términos en los que lo hicimos, a qué nos comprometimos, y las consecuencias de no cumplir lo que se firmó. Hasta aquí, -con este preámbulo- seguramente le será difícil imaginar un caso así, o bien, entender en principio lo que quiero decir.

Razón por la cual, comentaré la problemática con la que Alba llegó al Barzón RC, días después de aquella participación que referí al principio de estas líneas; un evento nada tiene que ver con el otro, solamente que ella es el mejor ejemplo, de aquel problema que reseñaba y que para muchos es complejo entender, pues nunca han tenido la terrible experiencia de verse en problemas legales o estar a punto de perder su vivienda.

Pues bien, Alba llegó aquella tarde con muchos documentos, todos en desorden, relativos a diferentes juicios y sin entender ella misma, de que se trataban, tampoco el motivo del por qué tiene tres años en tribunales, tratando con abogados, firmando documentos varios, yendo a audiencias y tramitando interminablemente la liberación de la casa que como herencia recibió de su hermano, y que resultó hipotecada.

De entre toda la documentación que traía consigo, para lo cual ya tuvo necesidad hasta de comprarse una mochila para cargarlos y conservarlos ella ahí, y así poder tenerlos todos juntos y mostrarlos, cada que se acercaba a algún abogado y/o dependencia para exponer su caso y pedir ayuda, para resolver el problema. (ayuda, que le era complejo pedir, porque en sí ella misma no sabía qué era lo que necesitaba pedir y como plantear su caso), de entre toda esa documentación, no venía el documento fundamental que comprometía la propiedad, y desde ahí comienza el problema.

Resulta que su hermano en vida aparentemente firmó ante notario público como responsable de un préstamo que no fue para él, sino para otras dos personas que recibieron el dinero, pero que nunca se hicieron responsables del pago; ella en estos tres años nunca supo a ciencia cierta lo que su difunto hermano firmó, otra de las grandes dudas de Alba fue que en esos tres años que ha estado siendo representada por diferentes abogados, en ningún momento se ha puesto en duda si la firma de su hermano en verdad fue estampada por él o no.

Él no recibió el dinero y tampoco fue aval, pero su propiedad quedó como garantía de un préstamo que fue entregado a dos personas cuyos nombres no aparecieron nunca en el trámite notarial. Alba vivió con su hermano los últimos meses de vida, antes de eso vivía solo, pues era soltero y mayor de edad, y él nunca había estado enfermo, su salud se deterioró a raíz de un accidente que tuvo (lo golpearon en la calle) y su vida se apagó sin decirle a Alba lo que había pasado.

Fue un sobrino de ellos el que le informó a Alba que su tío le había dicho que unas personas lo iban a demandar, porque al parecer fue testigo de un préstamo –la realidad era diferente– no fue testigo, y si participó del acto jurídico, lo hizo como deudor.

Ahora Alba hereda un problema, una duda, una deuda, y las consecuencias de actuar de buena fe o con desconocimiento de los actos diarios que cada uno en su propia dinámica de vida hace, que siempre conlleva actos jurídicos, la aceptación de obligaciones y que comprometen nuestro patrimonio y nuestra tranquilidad y a veces la de nuestra familia.

Si él tuvo la voluntad de heredar a su hermana, tenía también el derecho de haber heredado sin problemas, desafortunadamente fueron desconocidos los motivos por los que participó en el préstamo que no recibió, y si en algún momento supo lo que estaba firmando, lo cierto es que la frecuencia con que se dan estos casos es alta y obedece en la mayoría de los casos a la buena fe, y a pensar que nuestras decisiones no tendrán consecuencias.

Sigue, seguir trabajando cada quien, por difundir estos casos y entender que es nuestra obligación y responsabilidad asesorarnos siempre muy bien y preguntar a riesgo de parecer necios, sobre lo que vamos a firmar y las consecuencias legales de hacerlo.

lbarzonrc@yahoo.com.mx, @terecarbajal

diciembre 20, 2016 / Columna Semanal

Share the Post

About the Author

Comentarios

Sin comentarios aún.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *