Capítulo: Beatriz, 50616

junio 10, 2016
Por María Teresa Carbajal Vázquez
Debo no niego; pago lo justo *Capítulo: Beatriz, 50616

Beatriz es profesora, vive en el Totonacapan, aquí en el estado de Veracruz. Está separada de su esposo y tiene tres hijos. Su expresión es sincera, y sonriente por herencia cultural de sus antepasados, sin embargo, en la realidad de sus sentimientos está afligida. Ella, a principios del año 2000 atravesaba una crisis económica severa, no era suficiente con el sueldo que tenía para hacer frente a sus compromisos y darle a su familia una vida con lo necesario, tenía que recurrir a préstamos con particulares.

Al igual que la mayoría de las personas que tienen la necesidad de recurrir al préstamo de particulares; Beatriz no ocupaba el dinero para hacer compras innecesarias o artículos que no fueran de primera necesidad, casi siempre era para alguna urgencia, para terminar de construir su casa o para completar el gasto mensual; siempre pedía pequeñas cantidades, lo que ella consideraba que podía pagar en abonos quincenales o mensuales; unas veces pidió 5 mil pesos otras un poco más.

Refiere: “Nunca tuve problemas con motivo de esos préstamos, yo siempre pagaba el 10 por ciento de intereses mensuales que me pedían, algunos me cobraban hasta el 15, pero siempre pagaba puntual, necesitaba el préstamo y no quería quedar mal”. Ella sabía que era mucho lo que pagaba de intereses, y el remedio era apurarse a juntar todo para saldar el capital y así salir pronto.

Todo iba “relativamente bien” hasta que la costumbre de firmar pagarés en blanco (condición puesta por el prestamista), no pedir recibo cada que abonaba el pago, y la devolución del pagaré una vez que lo liquidaba totalmente, tuvo consecuencias.

El señor que le había prestado el dinero, murió. Se sabe que entre la herencia que dejó a sus familiares, legó una serie de pagarés firmados en blanco, y como era más fácil cobrarlos que investigar quién sí había pagado, y quién no, sus herederos no dudaron en interponer un juicio mercantil en contra de Beatriz y no se sabe con certeza en contra de quienes más.

Así en el año 2007, a principios, precisamente en el mes de enero, Beatriz recibió en su domicilio un emplazamiento a juicio y la ejecución de una orden de embargo: le embargaban su casa –lo único que tenía– y que con tanto esfuerzo había terminado de medio construir. Y le daban cinco días para hacer el pago total de lo prestado. Después de salir del asombro de cómo alguien fallecido la estaba demandando, recurrió a un abogado que le recomendaron. Él le explicó que en el pagaré ni siquiera aparecía el nombre del fallecido prestamista, estaban los nombres de otras personas y de otra cantidad muy diferente a la que ella dice haber recibido, más alta por supuesto.

Recordó entonces su exceso de confianza al firmar el pagaré con espacios en blanco, en donde aparece el nombre de la persona a la que habrá de pagarse, así como el monto de la deuda y hasta el rubro de intereses. A pesar de que su abogado le recomendó no preocuparse (consejo que él mismo siguió, pues descuidó su defensa), para ese mismo año ya había sido sentenciada a pagar la totalidad de lo que se le estaba reclamando.

Nunca su abogado ofreció ni desahogó pruebas, no se preocupó por ir a las audiencias, el juez que conoció del caso dictó sentencia con las pruebas de la parte actora, quien sí puso interés en el juicio.

Yo conocí a Beatriz hace un año. Cuando la entrevisté traía en sus temblorosas manos un recorte de periódico, era un edicto de remate, anunciaban la venta judicial de su casa. Muchas personas cuando llegan así me preguntan si aún se puede hacer algo por su caso; yo les digo que siempre se puede hacer algo. Sólo que en el caso de Beatriz se presentaba un inconveniente adicional: el remate ahí anunciado tenía más de una semana que se había celebrado.

Sin embargo, y aún con ese escenario tan desolador, gracias Dios pudimos hacer algo: el Tribunal Superior de Justicia del Estado de Veracruz, a través de una de sus salas civiles, nos daba la razón y echaba abajo el ilegal procedimiento de remate seguido en su contra.

Pero a la historia de Beatriz le faltan aún “muchas hojas” para llegar al final; pues hace unos días su esposo (y también socio conyugal) le pedía explicaciones acerca del porqué estaba embargada su casa. Le dijo que próximamente le llegaría una demanda de su parte. En efecto, la propiedad no pertenece nada más a la profesora pues fue adquirida durante el matrimonio y bajo el régimen de sociedad conyugal.

Ahora le toca a ella seguir siendo fuerte, no vencerse, no rendirse. Aprender de las malas experiencias y seguir luchando por su patrimonio. Contacto elbarzonrc@yahoo.com.mx

@terecarbajal

junio 10, 2016 / Columna Semanal

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