Educación Financiera en la familia

Educación Financiera en la familia

“DEBO NO NIEGO; PAGO LO JUSTO”

María Teresa Carbajal Vázquez

Educación Financiera en la familia

El periodo vacacional del que goza gran parte de la familia, sobre todo quienes se ubican en edad escolar, concede disponibilidad de tiempo para convivir con menos prisa entre los miembros de la familia, por lo que se nos brinda una gran oportunidad para abordar un tema que poco a poco va cobrando relevancia y notoriedad en nuestra sociedad: la educación financiera.

¡Que falta nos ha hecho la educación o cultura financiera! Desafortunadamente, la mayoría de nosotros hemos tenido que aprender con la fórmula prueba y error la forma correcta de usar los bienes, productos y servicios financieros; o enfrentar sin dinero ‘a la mano’ una emergencia para lamentar que no contamos con un fondo de emergencias y ni hablar de la casi erradicada costumbre de fomentar el ahorro en los pequeños.

Es cierto, la educación financiera como tal es algo con lo que siempre hemos convivido pues las primeras lecciones (buenas o malas) acerca del uso que le damos al dinero, las hemos recibido en casa. Claro, ahora existen más instrumentos financieros que anteriormente, cuando bastaba adquirir o fabricar una alcancía para enseñar a los niños a ahorrar, siendo las más emblemática la del cochinito; ahora incluso ya existen hasta inversiones en cetes para los niños.

Es importante no esperar a entrar en crisis económica familiar para sumar a todos los miembros de la familia en la estrategia del ahorro, tenemos que actuar con anticipación, por lo que es importante comentar algunas directrices con las que podríamos empezar, ahora que con las vacaciones de verano se nos concede la posibilidad de contar con un poco mas de tiempo.

En principio es importante entender que la responsabilidad total de las finanzas familiares no debe recaer en el papá o en quien juega el papel de Jefe de Familia. En segundo lugar tener como punto de partida la elaboración de un presupuesto mensual en el que se registren: los ingresos con los que se cuenta y todo lo que gasta cada miembro de la familia.

Con ello comenzaremos a generar conciencia sobre el gasto familiar, y observar con claridad en qué áreas estamos gastando de más, detectando gastos hormiga o planeando las oportunidades en donde se puede ahorrar, para el cumplimiento de metas que se vislumbran complejas como el tomar vacaciones o renovar la computadora.

Para elaborar el presupuesto tenemos que partir de anotar todos los ingresos y gastos, es muy probable que en este apartado podamos advertir que nuestros gastos son mayores a nuestros ingresos y que estamos haciendo un uso indiscriminado de instrumentos bancarios como la tarjeta de crédito para cubrir el excedente de esos gastos, lo que nos mantiene permanentemente endeudados.

Una de las grandes ventajas que un presupuesto nos ofrece, es visualizar todos los gastos mensuales catalogándolos en fijos/variables, necesarios/eventuales y reducir las “fugas” de dinero a través de alternativas sanas de ahorro. Otro de los puntos importantes, a evaluar del resultado de observar los gastos anotados en papel, es la necesidad de (para el caso de no contar con ello) contratar seguros de gastos médicos mayores, de vida y/o educativos que pueden ser de mucha ayuda.

Abordar el tema de finanzas familiares también nos permite pensar y reflexionar sobre los planes de retiro; asunto que con el paso del tiempo y los cambios tanto gubernamentales como en la legislación respectiva, nos obliga a planearlo con tiempo para hacer frente a la etapa de jubilación y retiro sin mayores problemas.

Pero insisto, uno de los mayores pendientes que como familia se tiene es comenzar a ahorrar, tanto de manera individual como general-familiar, y desechar la reiterada excusa de que nuestro dinero no “nos da” para eso, que apenas si alcanzamos a sobrevivir. Tenga en cuenta siempre se puede ahorrar para lo que se desea alcanzar a corto, mediano y largo plazo, todo está en función de la planeación y estrategia con la que afrontamos la vida.

Por ejemplo si nunca podemos tomar vacaciones porque somos esclavos de pagar deudas, quizá disminuir gastos innecesarios nos permita ahorrar para a mediano plazo pagar las deudas y poder viajar sin necesidad de volver a pedir prestado. Sea cual sea la actividad laboral que desempeñamos, y que sea la fuente principal de nuestros ingresos, la planeación y disciplina financiera siempre será la respuesta para tener una mejor calidad de vida, en la que tengamos menos necesidad de contratar deuda, la mayoría de las veces innecesaria.

Aprovechemos estos días de vacaciones para iniciar a nuestra familia en el serio y complejo tema de las finanzas familiares y de la educación financiera.

¡Hasta la próxima!

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julio 24, 2017 / Columna Semanal

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