Capítulo: Elvira y Daniel, 100616

Por María Teresa Carbajal Vázquez
“Debo no niego; pago lo justo”

• Capítulo: Elvira y Daniel, 100616

Aquel viernes de junio 2016, estábamos reunidos Elvira, Daniel, y yo, en una Notaría de Banderilla, Veracruz, cuyo titular es actual director de la Facultad de Derecho de la UNAM. Y lo que para una notaría es un acto jurídico de rutina, para nosotros era un festejo.
Ahí nos encontrábamos festejando que ganamos cuando todo parecía perdido. Repasábamos como nos conocimos y lo que ellos tuvieron que vivir antes de llegar a este esperado día en que nuevamente su casa volvía a ser legalmente su casa; pues eso que firmaban era la aceptación de los derechos adjudicatarios que el Banco les hacía en su favor.
Hace un año y medio -aproximadamente- conocí a Daniel, llegó al Barzón porque alguien le recomendó como último ‘remedio’ hacerlo, y lleno de dudas y temores se acercó y confió en nosotros. Su casa ya había sido rematada por Santander, él fue uno de los pocos casos que llegan a tercera almoneda, que significa rematar un bien con descuentos sucesivos hasta obtener un menor precio de venta a partir del avalúo. Hasta que la deuda sea igual al valor de venta del bien y entonces el acreedor o rematante pueda adjudicarse el bien sin tener que pagar una diferencia al deudor.
Incluso más extraño resultó, que el 3 de abril del año 2013, llegó una notificación a casa de Daniel y Elvira en donde el juez les decía que tenían veinte días para pagar al acreedor la cantidad de ciento noventa y un mil novecientos veintisiete pesos con sesenta y un centavos, ó bien para presentar al juzgado a una persona que pudiera mejorar esa postura con el apercibimiento de que para el caso de no cumplir con alguno de los dos supuestos: el remate sería adjudicado al Banco. Hecho este último que así aconteció.
Daniel y Elvira en el año de 1994, compraron su casa a través de un crédito hipotecario dejaron de pagar en el año 2009, porque Daniel se quedó sin trabajo y no fue liquidado de inmediato. Lo que trajo consecuencias para su economía familiar y sobre todo imprevistos, dado que abonaba como podía, pero no de manera completa los pagos de su crédito. Fue demandado en el año 2010, no tenía ninguna posibilidad de llegar a un arreglo de pago con el banco, situación que no había variado para el año dos mil trece, cuando le dieron los veinte días para pagar, ni soñando reuniría los casi doscientos mil pesos: le era impagable, y entonces esperó a que llegara el momento para ser desalojado.
De verlo siempre afligido, un amigo le recomendó consultar a un abogado, para ver qué se podía hacer, desafortunadamente cayó en manos de un delincuente, (así debe llamársele a quienes se dedican a delinquir) un extorsionador, pues este ‘abogado’ le dijo que por principio de cuentas había que darle dinero al Apoderado del banco para que ‘parara todo’ le pidió veinte mil pesos pero Daniel solo reunió diecisiete mil pesos.
Qué le puedo contar a usted, la desesperación y el miedo a ser desalojado hizo que Daniel accediera a sabiendas de que ese dinero era para el abogado; pues unos meses después el mismo abogado lo contactó para solicitarle más dinero, sin embargo esta segunda vez Daniel ya no pudo juntarlo.
Así las cosas los meses pasaban, y el matrimonio esperaba juntar el dinero para poder negociar con el Banco. Un día, Elvira vio como desalojaban a unos vecinos, un desalojo con la fuerza pública es una experiencia traumática que alcanza no solo a los afectados sino a quienes se encuentran cerca. Sucedió milagrosamente por esos días que les llegó el pago de la liquidación de su trabajo. Y, dinero en mano contactó al Banco.
Al llegar le dijeron que no podían aceptar una propuesta de pago, porque la propiedad había sido adjudicada e incluso la tenía a la venta una inmobiliaria y que si quería podía acercarse a ellos para comprarla.
La inmobiliaria pedía más de medio millón de pesos, por la casa; el dinero que había recibido era un poco menos de la mitad de eso. ¡Era injusto! pagó durante 15 años ininterrumpidamente el crédito y el Banco se la había adjudicado en casi doscientos mil, que era el monto aproximado de la deuda. ¡No podía pagar más aunque quisiera!
Dice que alguien, le dijo -busca al Barzón para que te ayuden-, y así fue que nos conocimos. Sentada en la sala de firmas de la Notaría, Elvira me confiesa -apenada- que ella no estaba de acuerdo en ‘meterse al Barzón’ -pensé que no me iban a ayudar- en Veracruz Puerto, (que es en donde Daniel y ella viven) dice, -hay malas referencias, pero ahora, pienso diferente- y se sonríe.
En un primer momento emprendimos una defensa legal que puso en duda la legalidad del remate, nuestro caso llegó al Tribunal Superior de Justicia y una de sus salas civiles nos dio la razón; enseguida iniciamos la negociación con el acreedor a través del área correspondiente y no a través de la inmobiliaria. Hicimos, y nos aceptaron, una propuesta de pago y no de compra como se lo pedían en un principio a Daniel.
Nos alcanzó para pagarle al Banco con la liquidación de Daniel. Pagamos lo Justo. Vino después un largo camino de trámites administrativos y en juzgado para lograr regresar la propiedad a nombre de Elvira y Daniel.
“Pensé que no lo lograríamos” me dice Elvira, -usted no está para saberlo pero mi hijo puso lo de sus ahorros.- ¡Qué bueno! Contesté, -es bueno generar conciencia en los niños y jóvenes acerca del esfuerzo que hacen los padres por conservar su patrimonio,- y propiciar que se involucren.
Recuerdo también que en diciembre del año 2014 Daniel vino a la junta anual del Barzón para ese entonces estábamos apenas iniciando el tratamiento de su caso, se levantó y dijo: -“este diciembre pinté mi casa y arreglé un poco el pequeño jardín de afuera, hice algunas reparaciones, tenía años que no lo hacía, este diciembre sentí que no voy a perder mi casa, estoy seguro que la voy a recuperar”- concluyó.
No sé cómo pasó, pero creo que ese día se comenzó a escribir la historia del éxito que obtuvimos, y que ahora en esa Sala de firmas certificaba un Notario Público; fue la seguridad con la que me lo dijo, que supe que íbamos a resolver su caso. Cuando alguien está convencido de que va a lograr algo, lo logra. A pesar de todo y contra cualquier pronóstico negativo. ¡El Barzón está también de fiesta!
Siempre que me preguntan si se puede hacer aún algo, por un caso complicado, me acuerdo de Daniel y Elvira, de Eugenia, de Florentino, de Carlos, de Fernando, de Felicia, de Ana Rosa y Felisa; y de muchos más cuyas historias aquí seguiré compartiendo, y entonces estoy segura que siempre se puede.
Creo que una golondrina no hace verano; pero confió en la sociedad civil organizada, para la defensa legal justa del patrimonio. Y en todos aquellos que han caído en cartera vencida, pero no se consideran vencidos. Y en la lucha social diaria que hacemos para pagar lo justo, porque da resultados. Se trata de dejar de lado el miedo y enfrentar con valor y fe el problema. Esa es nuestra resistencia civil, que funciona; porque cuando la gente se reúne para hacer el bien las cosas no y nunca pueden salir mal.
Contacto elbarzonrc@yahoo.com.mx, @terecarbajal

octubre 13, 2016 / Columna Semanal

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