Historia Nacional

EL BARZÓN COMO MOVIMIENTO NACIONAL

Colaboración de Gerardo Ciruelo Torres.
Maestro en Historia, Profesor Universitario y forma parte del voluntariado del Barzón

El surgimiento de El Barzón constituye uno de los ejemplos más representativos de las transformaciones políticas y sociales ocurridos en México a partir de la década de los 8Os. La ruptura en el interior del PRI, verificada hacia 1988, fue una de las primeras manifestaciones de los cambios que estaban teniendo lugar en la cultura política vigente hasta entonces y que había otorgado una incontestable hegemonía política al partido oficial gobernante. Sin embargo, el camino ha sido largo y sinuoso y, hasta ahora, con resultados contradictorios en la época de alternancia política que nos tocó vivir.

Por ello resulta de una especial relevancia llevar a cabo, en primer lugar, un recorrido hacia los orígenes de este Movimiento Social devenido en Sociedad Civil organizada y que hoy conforma uno de los organismos más activos de resistencia civil con que cuenta la sociedad en estos momentos de crisis económica e incertidumbre política y social.

La crisis económica iniciada en 1982 al finalizar el sexenio de José López Portillo fue el punto de partida de la paulatina pérdida de la calidad de vida para la clase media en México. La crisis afecto los diferentes sectores de este estrato social, pero uno de los más golpeados fue el de los pequeños y medianos productores del campo que vio erosionarse su posición a medida que la profundización de la inestabilidad económica y financiera comenzó a volver más complicado el pago de los créditos solicitados para hacer producir sus tierras. Las primeras manifestaciones pueden ubicarse en ese mismo año de 1982, pero no será sino hasta 1986-1987, año de la euforia y quiebra bursátil que llevó a la ruina a pequeños y medianos inversionistas cuando la insolvencia financiera alcanzó mayores proporciones.

Los problemas generados por la falta de pago de las deudas contratadas, principalmente ante los bancos, generó una serie de reacciones por parte de quienes demandaban la recuperación de los recursos prestados, sumas cuyos deudores comenzaban a considerar “impagables” dadas las circunstancias existentes. El prolongado periodo de impago hizo que las Instituciones Crediticias aplicaran a manera discrecional mecanismos de capitalización de intereses de los créditos insolutos a los deudores, estrategia que hizo crecer de manera desproporcionada el capital del crédito otorgado no amortizado y, en consecuencia, el monto de los intereses que los deudores morosos debían pagar. Se trataba no sólo de recuperar los capitales prestados, si no resarcir las pérdidas que, de acuerdo a los Bancos, la falta de pago les provocaba.

La presión sobre los deudores, los embargos sobre sus propiedades y la pérdida de su único patrimonio, obligó a los productores a organizarse para enfrentar la embestida de la Banca y las Instituciones Financieras en general. Pero conformar un movimiento articulado en defensa de sus intereses amenazados no sería fácil para los productores del campo. Por lo pronto la primera respuesta vino del norte, concretamente Chihuahua; sin embargo serían los agricultores de Jalisco los primeros en crear, en 1993, la primera asociación de deudores de la Banca. La primera acción de esta asociación fue una movilización de protesta que se llevó a cabo en la ciudad de Guadalajara. Rápidamente, los problemas comunes convirtieron a un combatido activismo expresado en formas de lucha poco utilizadas hasta entonces: marchas, plantones, bloqueos, toma de edificios, huelgas de hambre, y una serie de acciones que no sólo eran vistosas, sino que llevaban a serios enfrentamientos con las Fuerzas del orden.

La lucha de los productores no tardó en evidenciar que lo que estaba ocurriendo, no era otro cosa que una verdadera movilización de la sociedad civil, un sector de ella que al empezar a defenderse para reclamar un alto a medidas abusivas por parte de intereses de particulares y de algunas autoridades, inauguraba una forma de organización y de lucha, inédito hasta entonces. A partir de ese momento, el movimiento surgido dentro de un sector social en particular y, al calor de una problemática específica, comenzaría a evolucionar dando lugar a una compleja red de relaciones y acciones que tendrían como resultado una nueva actitud y una nueva cultura en la sociedad mexicana.

Desde los primeros momentos, la movilización social se desarrolló entre cuestiones económicas y políticas. La primera era su origen, pero la segunda apareció a medida que las acciones de resistencia otorgaban una mayor presencia a la asociación aumentando su poder de interlocución frente a las instituciones privadas y autoridades públicas. De manera semejante, el movimiento comenzó a mostrar una dualidad debido a la estrategia de movilización social con la cual había surgido y la incipiente actividad de los grupos de resistencia civil pacífica que se organizaban para impedir embargos, adjudicaciones, remates de propiedades y desalojos.

Se encontraba ya aquí presente lo que al correr de los años se convertiría en la estrategia jurídica, acción social en la que haciendo uso de la ley, los propietarios lograron contener los aspectos más perjudiciales de los bancos y las autoridades contra ellos. Sin embargo, esta “evolución” no dejará de tener consecuencias para la asociación ya conocida como El Barzón: las diferencias entre los líderes respecto a que tanta distancia debía existir en sus relaciones sociales y políticas, pero también en cuanto a qué estrategia era la más adecuada para llevar a cabo sus propósitos, terminaron por dividir la asociación. Esta ruptura que se convertirá en ideológica no afectaría de manera significativa la marcha y los propósitos originales de El Barzón. La formación de El Barzón Unión bajo la dirección de Juan José Quirino Salas y Alfonso Ramírez Cuellar, creará una agrupación de una estructura multisectorial, de corte más democrático y que adoptará como estrategia definitiva la movilización de resistencia civil pacífica, rasgos que le permitirán un mayor desarrollo y un crecimiento que, al desbordar el marco rural, lo llevarán al ámbito urbano donde, hasta la fecha, tiene lugar la actividad de servicio social a favor de la defensa de los derechos económicos y sociales de aquellos que requieren orientación para resolver sus problemas legales y patrimoniales.