Capítulo: Mateo, 90516

mayo 17, 2016
Por María Teresa Carbajal Vázquez
“Debo no niego; pago lo justo” Mateo, 90516.

A veces es necesario sentir el dolor de la injusticia para entender lo vulnerables que podemos ser.

Mateo es un hombre joven coatzinteco. Él forma parte de la estadística de los desatinos de la política gubernamental que dio lugar a la reforma energética; es un número más en la estadística del caos que se vive en Poza Rica y que provocó la ola de desempleo a raíz de los despidos de la industria petrolera. Mateo a principios del año 200 obtuvo su vivienda mediante un crédito de Infonavit que, como para muchos veracruzanos, era la única opción para hacerse de una vivienda contando con el salario mínimo.

En aquél entonces, trabajaba para una gasera en donde a su pago se le descontaba lo correspondiente al concepto de vivienda, por tanto, le bastaba ver el descuento en su cheque para saber y estar seguro de que se encontraba al corriente en el pago de su mensualidad. Hasta que un día, un requerimiento extrajudicial de cobro le planteo el primer problema: su patrón le descontaba pero no le hacía los pagos al Infonavit.

Para cuando él se enteró, la empresa gasera había quebrado. Al poco tiempo se quedó sin empleo y desconocía que debía demandar para que le devolvieran los pagos que le fueron retenidos; en el Infonavit le dijeron que eso a ellos no les interesaba. Después, y a consecuencia de esto, como muchos matrimonios que atraviesan por crisis económicas y desempleo, sobrevino el divorcio.

Posteriormente, una empresa que se dedica a comprar cartera vencida de Infonavit (aunque yo diría que se dedica a dejar sin casa a los que ya no pueden pagar para revenderla, a quienes andan en busca de un “buen negocio”), le notificó que aquel crédito del que originalmente debía 150 mil pesos ya ascendía a más de 500 mil.

Mateo intentó negociar, explicándoles que no se negaba a pagar y quería pagar pero no tenía tiempo de hacerlo de inmediato como se lo pedían. Les volvió a explicar lo de su patrón que le descontaba pero que, en realidad, no lo hacía. Le dijeron que debió haber buscado demandar, tuvo una abogada –recuerda– pero le dijo que no había nada que hacer, y se le fue el tiempo.

Entonces, decidió ignorar el problema. Al no saber y no poder enfrentarlo era imposible conseguir más de 500 mil pesos, esperar a que “algo” pasara, algo, no sabía qué, quizá un milagro, qué otra cosa.

Después de esto, recibió continuas visitas a su casa de personas que tomaban fotos desde afuera, algunos se acercaban a ver si la casa estaba en venta, lo negaba, pero cada vez aumentaba su miedo. Qué más podía sentir sino miedo, sobre todo, porque hacía unos meses vio cómo a un inquilino lo sacaron de su casa.

Hasta que un día, un vecino le llevó el periódico en donde aparecía un edicto: casa en remate con su nombre y los datos de su casa; no sabía que había un juicio en su contra, y que ese juicio estaba tramitándose en la Ciudad de México en el Juzgado Vigésimo Sexto de lo Civil, tribunal donde estuve hace unas horas con él, y donde la encargada del trámite nos atendió con prepotencia.

Tras revisar el expediente nos percatamos que simularon el emplazamiento; dijeron que él había salido al encuentro del actuario y que dijo que su esposa había salido a trabajar. ¡Imposible! Él tiene más de ocho años de divorciado, los mismos que su esposa no vive con él en ese domicilio. Ahora, sigue tener que demostrar que se le violó su garantía de audiencia, su derecho humano a ser correctamente llamado a juicio y a ser oído y vencido en el mismo; pues la diligencia de emplazamiento que, se dijo, fue entendida con él, es falsa y “hechiza” por parte del actuario judicial, quien investido de la fe pública que la ley le confiere abusó de su autoridad y de la buena fe del Juez que le ordenó llamar personalmente a juicio a Mateo, y que confió en los hechos que el actuario judicial asentó en el expediente.

Pues dicho funcionario judicial hizo constar hechos falsos en perjuicio del demandado, dejándolo en total estado de indefensión al desconocer éste, la existencia de un proceso legal en su contra y privarlo de la oportunidad y el derecho de ofrecer pruebas en su defensa, de contestar la demanda, de señalar un domicilio procesal en la Ciudad de México para oír y recibir notificaciones, y a designar abogados que lo representaran.

Procede ahora ir en busca del amparo y protección de la justicia federal para exigir se declare nulo todo el procedimiento judicial, incluida la orden de rematar su propiedad, por ser arbitraria y devenir de lo ilegal. Pero ha sido tan abrumadora la noticia de la corrupción que impera en el sistema de impartición de justicia y el despotismo de los empleados judiciales que Mateo concluye: “no sé si defenderme, tengo miedo, lo voy a pensar”.

¿Cuántos como Mateo están en esta situación? ¡Es tiempo ya de luchar con valentía en contra de tantos abusos! Contacto elbarzonrc@yahoo.com.mx

mayo 17, 2016 / Columna Semanal

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