Soluciones desesperadas

Soluciones desesperadas

“DEBO NO NIEGO; PAGO LO JUSTO” 

Teresa Carbajal

Soluciones desesperadas

A propósito de la segunda cuesta del año, como se le conoce a los meses de julio-agosto por motivo de la entrada a clases; es conveniente reflexionar un poco acerca de la “salida” más socorrida (y equivocada) de quienes carecen de liquidez pero desean seguir pagando puntualmente sus deudas: pedir prestado.

Al tema le abona la declaración que rindió ayer a la opinión pública la representante de una popular casa de empeños, quien manifestó que durante esta época la cantidad de pignorantes aumenta hasta en un 40% y señaló que de esta manera, instituciones como la suya apoyan a la población a enfrentar los gastos propios de la época.

En el ánimo de no ser pesimistas, considero que en general nos encontramos más conscientes y preparados para enfrentar ésta cuesta y la de enero. Pero es innegable que durante todo el año, cometemos errores con nuestra economía personal por falta de educación financiera sí, pero principalmente por falta de dinero.

Para muestra el caso de la profesora “Carmen” quien en su natal Minatitlán, Veracruz se desempeñó como maestra de finanzas y contabilidad, ella señala (modestamente) que gracias al desempeño de sus alumnos participaron y ganaron concursos nacionales e internacionales con un innovador proyecto tecnológico de contabilidad.

Así llegaron a Checoslovaquia, sin embargo las gestiones y peticiones de ayuda en gastos para realizar los viajes al extranjero principalmente apoyaban a los participantes y no a la maestra, motivo por el cual para solventar sus gastos ella tuvo necesidad de recurrir al uso de tarjetas de crédito, mismas que fue pagando puntualmente pero solo en el pago mínimo, con lo que no veía disminuir su cuenta sino todo lo contrario.

Su sueldo le alcanzaba, sí, pero para cubrir sus necesidades básicas y el sustento de sus hijos quienes en aquellos años se encontraban cursando sus estudios. Y como los intereses aumentaban cada día, recurrió primero a pedir préstamos en su trabajo, y luego préstamos de nómina, y cuando los intereses de dichos créditos rebasaron su capacidad, volvió a pedir prestado ahora a financieras y después a agiotistas, para solventar las deudas de tarjetas de crédito que no lograba dejar atrás.

Pues entre más préstamos obtenía, estos solo le alcanzaban para abonar a las deudas anteriores, mientras generaba más deudas, con nuevos intereses.

Cuando tocó fondo y en afán de seguir pagando intereses pensó en dos soluciones: vender su casa o venir al Barzón; fue entonces que nos visitó, -sólo quiero “pagar lo justo”- es la petición que con lágrimas en los ojos, nos hace la brillante maestra quien entregó los mejores años de su vida a la docencia y a la formación de alumnos (hoy profesionistas) que trascendieron con sus carreras y proyectos el ámbito nacional.

¡Vamos a ayudarla! pero nos queda para reflexión de quienes se encuentren bajo un escenario similar, que pedir prestado para pagar deudas no es la mejor solución.

 

¡Pregunte 2281148502, es mejor tener dudas que deudas!

julio 26, 2018 / Columna Semanal

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