A través del presente testimonio queremos agradecer al Barzón de Resistencia
Civil Estado de Veracruz, A.C., por habernos ayudado cuando más lo
necesitábamos, y más aún, por devolvernos nuestro patrimonio.
Nosotros somos propietarios de un negocio de abarrotes, todo iba bien hasta que
una terrible inundación azoto la zona a finales del año 2010, y después un
huracán. Ahí perdimos todo nuestro capital pues nuestros clientes a crédito -así
como nosotros- lo perdieron todo, casas, locales y mercancías; fue imposible
recuperar mucho del dinero que teníamos otorgado en crédito con los clientes ya
que solo estaba amparado a la sombra de una nota simple firmada.
Fue una etapa muy difícil, el tiempo pasó y la situación se fue complicando con
factores como los asalto a las pocas unidades de reparto que nos quedaron, a la
extorsión y al robo hormiga de los empleados, esto nos llevó a la insolvencia.
No tardamos mucho en solicitar una reestructuración del crédito al banco, pues
nos fue prácticamente imposible pagarle los montos mensuales a que nos
habíamos comprometido en el contrato y los intereses comenzaron a aumentar en
forma muy alta. Con el pasar del tiempo el banco nos comenzó a hostigar con
llamadas telefónicas a diario solicitándonos el pago y diciéndonos que nos
embargarían. Situación que al final llegó.
Cuando fuimos notificados del embargo procedimos a ir al Puerto de Veracruz a
ver nuestra situación bancaria. Ahí platicamos con una Ejecutivo de la Institución
quien nos explicó que la propiedad que ofrecíamos como pago al adeudo que se
tenía con la Institución era de mayor valor a lo que se debía, pero que debíamos
entender que EL BANCO NO DEVUELVE CAMBIO, que si entregábamos la
propiedad sería tomada como pago y punto. Esa tarde regresamos a nuestro
hogar muy desconsolados, tristes y preocupados, pero hoy doy gracias a Dios por
ello.
En esos días de angustia recibimos una llamada telefónica de una excelente gran
amiga para ofrecerme papel gris, que era un producto que nosotros le compramos
durante muchos años. Nos pusimos a platicar, nos contamos las alegrías y las
penas, le platiqué de mi problema del embargo bancario y me dijo que no me
preocupara más pues tenía una solución; me comentó que ella se encontró en un
problema similar y gracias a la ayuda del Barzón había logrado salir adelante. En
ese momento se dio nuestro primer acercamiento con esta maravillosa
Organización.
Fue tal su disposición por ayudarnos que inmediatamente nos comunicó al Barzòn
RC. Para el día siguiente mi amiga muy amable se ofreció acompañarnos a mí
sobrina Ady y a mí a las oficinas del Barzón en la ciudad de Xalapa, Ver.
Algo que recuerdo muy bien son las palabras del cuerpo jurídico: “El Barzón apoya
pero se tiene que pagar, este es un trabajo en equipo”. El 18 de Mayo del 2015
llevamos la papelería que nos había entregado el Juzgado y a partir de ese
momento el Barzón tomó nuestro caso en sus manos y empezamos una larga
trayectoria entre llamadas telefónicas del banco a unos servidores y a su vez
nosotros al Barzón; transcurrieron largo e interminables meses, pero poco a poco
veíamos la luz, ya no estábamos solos y eso era también algo importante. En la
Organización siempre nos explicaban cómo iba el caso legal y que no debíamos

preocuparnos, y efectivamente entrabamos en una calma que fue por la confianza
que fue surgiendo a través del tiempo. En Marzo del 2016, después de una
excelente ayuda legal y de la negociación realizada por el Barzón, celebramos un
Convenio de Pago con la Institución bancaria, y de esa manera el primer pago
abonado a nuestra deuda, ¡Fue un gran paso!
Los abonos que acordamos con el banco eran adecuados a la situación que
vivíamos, no queríamos quedar mal después de tanto trabajo.
El 14 de Junio del 2016 logramos juntar dinero y así liquidar el saldo restante de la
deuda que teníamos, por eso tuvimos que ir a Xalapa para que todo fuera
registrado con el Banco ante el Juzgado, todo legal y en orden. Siempre
acompañados por los abogados, quienes nunca nos dejaron solos, siempre
estuvieron con nosotros paso a paso, ¡Y qué bueno!, ya que nosotros
pensábamos que con el hecho de pagar ya quedaría todo solucionado, pero no
era así. Después de pagar hay un proceso en el cual el Juzgado debe dictar que
ya todo está pagado, que no se debe nada y debe ordenar que se haga la
cancelación del embargo, etc.
Hoy en día, ya con nuestra Carta Finiquito por parte del Banco, y con lo ordenado
por el Juzgado librándonos de la deuda, estamos tranquilos, felices y muy
agradecidos. Atrás quedaron esas noches de desesperación, desvelos y nervios.
Todo esto pudo ser posible gracias a la intervención del Barzón, es por eso que
espero que nuestro testimonio ayude a todas las personas que como nosotros,
estén atravesando por una situación similar, que sepan que sí se puede, que hay
una Organización que nos respalda a los deudores de buena fe; porque bien dice
el Barzón “debo no niego; pago lo justo”.

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